¿Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar?
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miércoles, 21 de abril de 2010

Anoche tuve un sueño.


Un sueño que esta mañana era ya un pensamiento imborrable formado en mi cabeza. He pensado que podríamos fugarnos. Tú, yo. Sin olvidarnos, por supuesto, de esas ganas locas que me atan fuertemente a tí. No necesitamos nada más. Nos alimentaremos de besos y beberemos caricias. Agarrame fuerte de la mano, quiero sentirte, cogerte, amarte ( Aunque esto último siempre ha salido solo, sin pedir permiso ). Hoy quiero sentirme bien, libre. Coge ese vestido color rojo que tanto me gusta y póntelo. Juro que ya no me hace falta ver ninguna maravilla del mundo -ninguna más, claro-, porque me conformo con poder observar la que se viene conmigo durante un periodo de tiempo indeterminado (o indefinido, esequenoseacabanunca, ya sabes). Esta noche vas a ser feliz, y mañana por la mañana cuando despiertes a mi lado...y a partir de hoy, todos los maravillosos días que me queden a tu lado. No voy a dejar que esa preciosa sonrisa se borre con el paso del tiempo, y se lleve con ella mis ganas de vivir.

- Abrazame preciosa, y dime que me quieres. Ya sabes que me gusta oirlo mientras tus dulces labios acarician el lóbulo de mi oreja y mis ojos se cierran casi por instinto propio.